La voz dormida de Dulce Chacón ha sido nuestra lectura final del curso.
Esta novela, como hemos visto, está contada desde el lado de los perdedores de la Guerra Civil española, desde el lado de aquellos que no tuvieron voz alguna durante la contienda, ni después durante la posguerra injusta, vengativa y oscura: las mujeres.
Su narrador, deliberadamente sesgado, viene a poner cierta justicia, compensando con sus excesos una literatura patria que hasta bien entrados los 70 estuvo bajo la batuta de la censura, y que sólo quiso dar voz a los hombres para que las mujeres permanecieran en el interior de la sociedad, afanadas en dar de comer a sus maridos, mantener un hogar y criar hijos para el fascismo.
Su historia, un haz de historias verdaderas (en el sentido más legítimo de "verdaderas": aquel que usan los hermanos Coen cuando dicen "This is a true story") es un caramelo para el cine, por la plasticidad con que es narrada, por su selección de detalles impactantes, tiernos, tristes, por la perfección sentenciosa de sus diálogos. Benito Zambrano, director de Solas (película también en la que las voces silenciadas de otras mujeres se oyen con rotunda claridad), decidió llevar al cine la novela de Chacón.

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